sábado, octubre 27, 2007

Ardillas y arañas

Me llevo cada susto con el animalejo este... Las ardillas se me cruzan en la carretera, las veo con el rabillo del ojo en los árboles y, muchas veces, en el jardín de casa, salen de la nada y cruzan la valla de lado a lado. Alguna vez, se paran y te miran desafiantes, como si te preguntaran qué haces en su jardín. Ya sé, ya sé, qué monas, están buscando su comidita para el invierno y son animales tiernos y peluditos, pero yo las veo como ratas con rabo enorme y eso es lo que pienso cuando merodean por mis cercanías. Y la cosa es que, bueno, uno podría intentar no hacerles caso pero es que salen de la nada y cuando menos te los esperas, así que no puedo evitar pegar un salto cada vez que me sorprenden.

Pero ahí no acaba la cosa. Hay arañas por todos lados y de todos los tamaños. Las peores no son las pequeñas, las de toda la vida, sino unas con las patas tan enormes que parece que caminan con zancos arácnidos. Las veo en la ducha, en el poyo de la cocina y en la esquina de la pared y el techo. Ya sé, ya sé, están para comerese los mosquitos, que en teoría hacen más daño que ellas, pero no sé qué prefiero, si un mosquito con un poquito de hambre o una tarántula asesina. Además, sé que una me picó la otra noche porque amanecí con dos ronchitas que no se parecían en nada a la de un mosquito porque no me tuve que rascar.

Este es el país de los bichos raros (y esta vez sólo me refiero a los insectos y roedores; otro día hablaremos de otros especímenes más humanos). En el fregadero me encontré el otro día una tijereta (o cortapico), hay abejas, abejorros y avispas para todos los gustos, y palomitas adictas a la luz. Cucarachas, ninguna, menos mal, porque eso era lo que me faltaba ya para completar mi colección de compañeros de casa.

miércoles, octubre 24, 2007

Ángeles jugando

Tengo la cámara estropeada y no pude inmortalizar el gran momento del lunes por la tarde (aunque igual el flash lo hubiese estropeado todo). Durante casi una hora, mis dos hijos, Pedro y Diego, jugaron juntos por primera vez. Al principio me asusté un poco porque no se les oía y me acerqué con sigilo al garaje, que era donde estaban jugando. Y allí los vi, jugando tranquilamente con un tren que su padre les había montado el día anterior. Por no romper la magia del momento, me di la vuelta sin que me vieran y me marché a seguir haciendo mis cosas, aunque el primer impulso fue ir corriendo a darles un abrazo.

Todas las parejas con dos hijos ya me habían hablado de que, para mi buena fortuna, esto ocurriría tarde o temprano, y más con hijos del mismo sexo. Pero, después de mil riñas al pobre Pedro porque molestaba a su hermano mientras que el pobre Diego se alejaba espantado y llorando, pensé que ese momento no iba a llegar nunca. ¡Pero llegó! Y fue fantástico verlos pasar juntos un ratito de diversión compartida sin peleas ni gritos. Pero lo mejor de todo fue el ratito de paz y tranquilidad que disfruté yo. Ojalá tenga más tardes así. Ah, y ellos también, claro...

domingo, octubre 21, 2007

Corazón de mudanza


El viernes fue el gran día, el día que llevábamos esperando desde hace casi dos meses, el día en el que nos entregaron nuestras cosas. El camión de la mudanaza vino a las nueve de la mañana e, igual que se llevaron las cosas en Tenerife, las dejaron otra vez en su sitio. En realidad, no lo dejaron exactamente todo en su stio puesto que yo, por ejemplo, vacié las diez o doce cajas de la cocina y las coloqué en su sitio, Pedro vació las cajas de libros y los puso en las estanterías y entre los dos guardamos la ropa en los armarios. Ellos entraron todas las cajas, montaron los muebles y vaciaron la mayoría de las cajas de trastos. Se ofrecieron a colgarnos los cuadros pero ya estábamos tan cansados que sólo nos apetecía sacar nuestro gofio de contrabando y sentarnos a disfrutarlo. En realidad, fue una gran taza de café para sacar fuerzas y seguir adelante.


Para los niños fue como cuando vienen los Reyes: vieron sus juguetes y quisieron jugar con todos a la vez. De muchos no se acordaban así que sacaron todos de las cajas e hicieron un desastre pero casi no se notó porque el resto de la casa estaba igual de desordenada. Gracias a que, el domingo por la tarde, vinieron nuestros amigos, Susana y Vihn, nos pusieron a todos firmes y en unas horas estaba esto como los chorros del oro.


Estamos en esta casa nueva y, aunque son nuestros muebles, vajilla, sábanas, etc. tiene que pasar un tiempo todavía para poder saber sin pensar dónde está el cortauñas o cómo funciona el grill del horno. Como no estamos acostumbrados, se nos olvida regar el jardín y tropezamos con la puerta del armario del baño, que no se mantiene abierta. De hecho, hay cosas que no sabíamos de la casa, como que tiene calefacción. La primera noche que pasamos en ella hizo tanto frío, que descubrir este pequeño detalle ha sido como una revelación divina.


Ahora sólo falta que venga la gente a visitarnos, a conocer nuestra acogedora casa y a dormir en nuestro comodísimo colchón hinchable del "family room", la habitación de juegos de los niños. Y, por favor, el primero que venga que traiga café, que de eso sí tenemos mono...

miércoles, octubre 17, 2007

Pumpkin Patch



Se acerca la fiesta anglosajona por excelencia, Halloween, http://http://www.rincondelvago.com/informacion/halloween/historia_de_halloween.html, y nuestros niños ya se están preparando, no tanto porque nosotros querramos integrarnos lo mejor posible a la nueva cultura sino porque es tal el bombardeo por todas partes (tiendas, televisión, carteles...) que hemos terminado por sucumbir y unirnos a los preparativos de esta noche tan terrorífica.

Aparte de vestir la casa con decoraciones tipo esqueletos, telas de araña, brujas, gatos negros e incluso unas luces de color naranja que se encienden por la noche y se ven desde la calle (ya mandaremos fotos de la casa decorada y de alguna menos modesta), ayer por la mañana nos fuimos con el cole de Pedro a elegir una calabaza para decorar y ponerla en la casa también. El objetivo, espantar a todos los seres maléficos que se quieran acercar a ella. Y si nos intentan atrapar por la calle, no podrán, porque estaremos disfrazados y yendo de puerta en puerta pidiendo caramelos.


Fuimos a un pumpkin patch, que siginifica huerto de calabazas, donde había millones de calabazas de diferentes tamaños, todas de color naranja chillón. Entre Pedro y yo elegimos una calabaza de tamaño moderado y que fuese manejable para cortar, vaciar y hacerle caras de asustar. Esto lo haremos dentro de unos días y, por supuesto, sacaremos fotos también. No creo, de todas maneras, que le pongamos una vela dentro (como hacen aquí todos) porque nuestra relación con el fuego no es muy amistosa y las casas aquí son todas de madera...

Los niños lo pasaron bien y, a medida que se acerca el gran día, Pedro me pregunta y me pide que le cuente una y otra vez y en detalle por qué salen los monstruos y las brujas, por qué nos disfrazamos, cuántos caramelos nos van a dar, qué truco hay que hacer si no nos dan caramelos... Y yo le digo que tenga paciencia, que sólo quedan quince días, que ya verá lo bien que lo vamos a pasar. Le cuento tantas cosas y estamos haciendo tantos preparativos, que me parece a mí que hasta yo estoy tan nerviosa como cuando se acerca la noche de Reyes.

domingo, octubre 14, 2007

Almejas y mejillones




Ayer celebramos el día de la Hispanidad con/en la Asociación de Españoles de Silicon Valley. Nos reunimos en un parque y, en varios grupos, hicimos unas paellas con unas bombonas de butano y unas paelleras que trajeron algunas chicas. Estuvimos charlando con gente que ya conocíamos e hicimos nuevas amistades de todas partes de España, a la vez que comíamos paella, tortilla de papas y gazpacho. Los niños, mientras, jugaron, corretearon, se pelearon mil veces... En definitiva, lo pasamos muy bien y fue un día de lo más agradable.

A nosotros nos tocó llevar los mejillones y las almejas de una de las paellas y, la verdad, al principio me costó encontrarlas. En los supermercados convencionales sólo venden almejas congeladas y los mejillones brillan por su ausencia. Así que me puse a conducir por ahí, buscando una pescadería, pero no encontré nada parecido. En uno de mis paseos, me topé con un mercado coreano y decidí entrar a ver si había suerte pero, aparte del fuerte olor a gimbap (una especie de sushsi con algas marinas, verduras y arroz), no encontré sino mejillones congelados, después de rebuscar en las neveras. Fue gracioso porque no me supe hacer entender en inglés puesto que la coreana que estaba despachando no tenía ni idea de lo que era un mejillón ni entendía papa de inglés.

Une señora mejicana que había allí me oyó decir mussel y luego mejillón (a ver si en coreano de decía igual...) y me comentó que unas calles más adelante había un mercado chino en el que vendían "todo eso". Así que me fui para allá con la esperanza de poder, por fin, comprar mis almejas y mejillones. Y cuál no sería mi sorpresa cuando entré y, aparte del fuerte olor a arroz cocido, encontré lo que buscaba. Había unas peceras enormes llena de todo tipo de pescado "vivo". Y digo vivo porque en inglés, la palabra para pescado fresco es live, literalmente vivo. Es más, vivas todavía había langostas gigantes y cangrejos del tamaño de un pan de campo. También había pescado de todos tipos y tamaños y con nombres que a mí me sonaban a chino (¿por qué sería?). ¡Y, por fin, mis mejillones y almejitas esperándome en una esquinita de la nevera del mostrador! Señalando y medio hablando en inglés y español, le pedí al señor de la pescadería que me pesara un puñadito de cada y me fui tan contenta a casa, no sin antes comprar un té chino adelagazante muy raro pero eficaz, (o por lo menos eso decía en las instrucciones, que estaban en chino y en inglés).

Me llamaron la atención estos dos mercados porque, obviando las cosas que oías o leías en inglés de vez en cuando, parecía que estaba comprando en algún país oriental. Me dieron ganas de quedarme un ratito más, de preguntarle a los vendedores para qué sirve esto o aquello, de probar su comida (la que preparan en sus casas, no la de los restaurantes) , de oler sus especias... Volveré, seguro, algún día con más tiempo y buscaré también algún otro mercado de otro país oriental para ver qué cosas distintas me ofrecen y me atrevo a probar u oler.

Por cierto, ¡la paella quedó riquísima con los mejillones y almejas chinas!

martes, octubre 09, 2007

De todo un poco



Hoy me tocaba ir al supermercado (suelo ir una o dos veces por semana, tanto aquí como en España) y en la caja, al pagar la compra, me sorprendió gratamente ver que había un chico con síndrome de Down metiendo mis artículos pagados en las bolsas del super. Miré en otras cajas y había diferentes personas con deficiencia intelectual también realizando este trabajo. Me pareció una idea fantástica y me pregunto por qué la habrán implantado los supermercados en España. O quizás sí y yo no lo he visto.

Luego, fui a llenar nuestra botella de agua. Resulta que, hartos de comprar botellas de agua que se acaban enseguida y son carísimas, hemos comprado una botella grifo que llenamos en una tienda de agua cuando se acaba. Una tienda de agua, para los que se pregunten, es eso: una tienda en la que sólo venden agua. Está llena de grifos gigantes y puedes llenar tu botella por 25 centavos el galón. Es decir que, antes, tres galones en una botella de plástico que no se recicla (a no ser que tú, como ciudadano cívico, la quieras llevar a algún contenedor de reciclado) nos costaba $3,50 (aproximadamente) y ahora llenar nuestra botella nos cuesta 75 centavos. Aparte de eso, tenemos dos botellas pequeñitas que también llenamos en la tienda de agua y metemos en la nevera. Todo es muy útil y barato. Lo de ir a la tienda de agua no es muy cómodo pero, bueno, una cosa compensa la otra.

Esta tarde van a cortarse el pelo los tres chicos de mi casa. A ver con qué nos sorprende el peluquero.

sábado, octubre 06, 2007

Ya van tres


Ya son tres las manchas. Esta es de Nesquick y de Diego otra vez. En fin, hoy voy sin falta a buscar algún producto, aunque Pedro dice que cuando nos vayamos limpian la moqueta con un producto industrial que la deja como de tintorería. Yo sólo con mirarla me pongo de los nervios. Cosas del marujeo...

jueves, octubre 04, 2007

Manchas y gofio



Mucha fregona funcional y de diseño pero ¿yo qué hago ahora con estas manchas? El otro día a Pedro se le derramó café sin querer en la moqueta y hoy Diego ha tirado su puré en un ataque de diversión maligna. Y tengo dos manchas en la moqueta que parece que hemos matado a alguien y no se ha podido limpiar la sangre. No tengo ni idea de cómo limpiar esto sin que el estropicio sea insalvable (por eso no he restregado como Dios manda, con amoníaco, ni he comprado ningún producto para moquetas) y, mientras miro las manchas de reojo, pienso que se hacen cada vez más grandes (como en las pelis de miedo en las que hay una infección babosa que se va deslizando por el suelo) y que el tomate del puré se está agarrando a la moqueta como quien se agarra a la vida.

Por otro lado, nuestro contenedor con la casa entera llega hoy al puerto de Long Beach pero, al parecer, ha habido problemas con el contenido y la oficina de contrabando le tiene que hacer una inspección una vez en tierra. Buscan alimentos. Y los hay. Dos cajas. Glub. Hay Cola Cao, vino, especias, algo de harina, azucar y gofio; todo el contenido de uno de los armarios de mi cocina. Quizás se imaginan que somos contrabandistas de gofio, quizás piensen que el gofio es una droga nueva, de diseño, que estamos introduciendo en el mercado americano. El caso es que esa inspección (de rutina, seguro) retrasará la entrega de nuestros muebles y enseres ni se sabe cuánto tiempo.

Espero que no vengan a inspeccionar el apartamento este porque si ven las manchas de la moqueta igual piensan que hemos matado a nuestro camellín distribuidor de gofio aquí en California por no haber podido venderlo a buen precio...

martes, octubre 02, 2007

Una boda americana



El domingo pasado fuimos a la boda de Cande y Andrés, dos amigos de La Orotava que trabajan y viven aquí. Cande llegó a California en 2001, en nuestro grupo de profesores visitantes, para estar más cerca de Andrés, que ya vivía aquí desde hace años, trabajando para una empresa de software que se llama Theos. Total, que después de muchos años juntos, decidieron casarse a lo americano, con su marquesina en el jardín y sus damas de honor.

Fue una boda preciosa porque fue diferente a las que estamos acostumbrados. Nos sentamos todos en unas sillitas blancas y esperamos a que entraran las damas de honor, el niñito que llevaba los anillos y, finalmente, a que la novia guapa apareciera desde algún lugar del jardín. Al contrario que en las bodas españolas en las que el novio entra con la madrina por el pasillo de la iglesia, aquí el novio espera con sus "best men" (mejores hombres/amigos) en el altar o, en su defecto, marquesina o "gazebo".

Después de la ceremonia, tuvimos un pequeño cóctel y luego pasamos a la celebración, que fue curiosa porque era un buffet en el que había pan y ensalada, salmón a las finas hierbas y/o solomillo envuelto en beicon y papas gratinadas con queso. Todo delicioso, vaya, pero distinto y más entretenido, creo yo, que esperar a que te sirva un camarero. De este modo, te levantas, paseas y miras qué hay, charlas con el de delante y el de detrás de ti en la fila e intentas romper el hielo con los desconocidos con los que te toca compartir mesa. Y al final la tarta, una delicia de chocolate con sabor a brownie, que repartieron y se acábó enseguida salvo el primer piso, que se congela un año para que los novios se la coman en el primer aniversario.

En realidad, no hay mucho más que explicar porque pueden ver o han visto ya algo similar en las películas de Hollwywood. Sólo que en las películas de Hollywood, la novia no está tan guapa como en esta, ni el novio parece tan feliz como en esta, ni el que lleva los anillos es Pedrito, mi hijo. Ah, y espero que Pedro esté contento hoy, he escrito acerca de lo que hemos hecho, comido y bebido.

sábado, septiembre 29, 2007



Tengo una pelea continua con Pedro porque él quiere que escriba acerca de dónde vamos, qué hacemos o qué comemos y bebemos. Pero a mí me gusta escribir de las cosas que me llaman la atención, como este cartel que vi el otro día y que estaba en los laterales de un camión anunciando algo. Me chocó tanto (ahora contaré por qué) que tenía que hablar de él. Si no, no me quedo tranquila.

El cartel anuncia clases de entrenamiento físico y defensa personal. Pero defensa personal ¡en caso de que algún bestia en el cole (bully) te tenga frito! Ahora no recuerdo si en español existe esa palabra, bully, pero sí sé que existe la figura del compañero abusador que no para de molestar al chico más debil de la clase, porque, desde hace varios años, está adquiriendo más importancia en los telediarios españoles (a pesar de que el matón del cole o del barrio ha existido siempre).

Me chocó tanto este cartel porque no creo que esta sea la manera de atajar el problema, ofreciendo clases de defensa personal para defenderte del más fuerte; utilizar la violencia para resolver un problema de violencia. Aunque, si uno lo piensa bien, la filosofía del país es esa, atacar para defenderse. Por otro lado, ¿qué puede hacer uno si no? ¿Cómo te defiendes de quien te hace daño o te mete miedo? Total, que el dichoso cartel me tuvo pensando unas buenas horas sin poder llegar a una conclusión definitiva.

Y me tuvo otro buen rato pensar en cómo protege este país a sus menores. En la tele he visto varios anuncios previniendo a los niños sobre los peligros de quedar con alguien que has conocido por Internet, diciéndoles a los padres que bloqueen la televisión para que no vean los programas que no son para su edad y animándolos a salir a jugar y no estar todo el día viendo la tele. (Ninguno todavía, por cierto, de los peligros de la obesidad infantil). Y no acaba ahí, en la escuela se machacan bastante estos contenidos, aparte de insistir en valores como la tolerancia, el respeto mutuo, el civismo, el agradecimiento, el perdón...

Entonces, ¿cómo es posible que, siendo un país tan cívico, se enseñe a pegar al que te hace daño, a ser el más fuerte y superar todos los obstáculos? ¿No es contradictorio predicar tolerancia y respeto hacia los demás y luego fomentar la violencia y la fuerza personal? ¿Nos es este un país lleno de contradicciones?

Quizás Pedro tenga razón y me tenga que ceñir a contarles todo lo que hacemos, vemos y comemos. Pero, Pedro, es que no puedo...

martes, septiembre 25, 2007

Melting Pot


Hace un par de días conocí a un chico iraní que estaba a punto de casarse (o prometido, como dicen aquí) con una chica china. En el mes que llevamos aquí hemos conocido a otras parejas del mismo estilo: madrileña casada con un vietnamita (esta pareja son viejos y buenos amigos), un argentino y una mejicana y una chica china con su marido hindú. Todas las parejas se comunican en inglés (incluso el argentino y la mejicana, aunque parezca extraño) entre ellos y es muy divertido ver cómo en casa de alguno el sábado se preparan kebabs en la barbacoa y el domingo se hacen enchiladas. O que discutan entre ellos inglés pero luego los oigas murmurando en su idioma cuando se dan la vuelta. Y ver los libros en la estantería en varios idiomas u oirles hacer el esfuerzo de hablar el idioma de su pareja.


Y, aunque el término "melting pot" se usó a principio de siglo para describir a la cantidad ingente de inmigrantes de distintas nacionalidades que entró en este país y luego creó la nueva nacionalidad americana, hoy en día sigue pasando exactamente lo mismo. Aquí hay inmigrantes de todas partes del mundo y cada historia es un mundo, no siempre con final feliz. Pero aquí comienzan su nueva vida, conocen a sus parejas y no importa lo diferentes que sean sus culturas ni cómo hayan llegado porque tienen en común el país en el que estudian, trabajan y viven. Y, más importante aún, tienen una vida por delante en común.


Ojalá fuera el mundo más "melting pot" de lo que es ahora y se vieran más parejas multiculturales. Me gusta verlos de manos por la calle, hablar con sus hijos en una mezcla de dos o tres idiomas. Me gusta que me cuenten cómo se las apañan para entenderse entre ellos o con sus suegros. Y, sobre todo, me gustaría saber, por ejemplo, cómo hace un vietnamita una paella.

jueves, septiembre 20, 2007

Casa con jardín y garaje

Mucha gente me ha preguntado varias veces si las casas americanas son como salen en la películas y la respuesta es siempre, sí. Exactamente igual que las que salen en las películas. Todas tienen su garaje en la entrada (para uno o dos coches), jardín delantero y jardín trasero vallado. Todas las ventanas del salón dan para el jardín delantero y todas las habitaciones dan para el jardín trasero. Todas tienen un buzón en la puerta y el número de la casa cerca.

Entonces, ¿Cómo se distinguen la una de la otra? ¿Cómo entras en la tuya sin meterte en la del vecino por error? Y es que, después de analizar este asunto y de mucha observación por las "streets, avenues, lanes, drives, y courts" (algo así como calles, avenidas, paseos, caminos, rondas, ramblas...) he llegado a la conclusión de que son todas diferentes. Algunas cambian en el color, otras tienen arbolitos en la entrada, otras una chimenea en el tejado, el césped bien cuidado a la entrada, una cancha de baloncesto. Algunas tienen porche, otras gravilla, el buzón fuera (con su banderita y todo), macetas, plantas, enanos, molinitos, veletas, banderas americanas...

Y no hablemos cuando llega el Cuatro de Julio, Halloween, Thanksgiving o Navidad. Todas se decoran con todo tipo de abalorios que visten no sólo la casa sino el barrio entero. A veces, hay algunas realmente exageradas y cursis pero, en general, todas compiten por distinguirse entre las demás y no ser sólo una casa más de la calle o el vecindario.

Esta es la nuestra. Es muy normalita, con su jardín delantero y trasero y su puerta del garaje. La verdad es que, tengo que admitir, me he equivocado varias veces al acercarme a ella buscando mi garaje pero ya verán, ya verán cuando se acerque Halloween.

miércoles, septiembre 19, 2007


Ahhh... Las pequeñas alegrías...

lunes, septiembre 17, 2007

El día de Pedro




Pedro cumplió ayer 35 años y lo celebramos muy tranquilamente, por la mañana en la piscina y por la tarde de paseo. Le cantamos "Cumpleaños feliz" y sopló una única velita, que eligió Pedrito porque era de sus dibujos favoritos ahora, http://www.nick.com/shows/spongebob_squarepants/index.jhtml. Al final del día, estuvimos hablando de que, a medida que pasan los años, los cumpleaños pasan como un día cualquiera, casi sin pena ni gloria, y parece que a veces disfrutas más preparando y celebrando el de otros que el tuyo mismo. Con los niños en casa, ya los cumpleaños importantes son los de ellos y no prepararles una gran fiesta, poner globos, música, comprar una piñata y tarta y jugar al juego de las sillas sería malvado.



Aún así, creo que fue un día especial para el papi, porque tiene una barbacoa enorme para el nuevo jardín y porque condujo por primera vez la furgoneta de siete plazas. Sí, como oyen, Pedro al volante. Lo lleva muy bien, como si hubiese estado conduciendo toda la vida y la verdad es que es un alivio poder sentarme en el asiento del copiloto y darle gritos a los pasajeros o meterme con el conductor. Y, aunque a veces pase miedo porque me da la sensación de que va muy rápido o de que no va a frenar a tiempo, seguro que a él no se le olvida ponerle gasolina al coche.

sábado, septiembre 15, 2007

Low Fuel

Ayer al mediodía nos pasó una cosa de película y es que nos quedamos sin gasolina en medio de una expressway, una carretera con tres carriles, similar a una autovía muy larga pero con semáforos. A mí nunca me había pasado esto de quedarme sin gasolina, siempre procuro que el depósito no se vacíe del todo y que no marque nunca que está en reserva. Si, por alguna razón, sí marca reserva voy volando a la gasolinera a llenar el tanque. Pero, como aquí las distancias son tan largas, piensas, "Ahora voy, seguro que aguanta un poco más..." y, además, cuando por fin te decides a ir sin que te suponga un trastorno de los planes del día, piensas que vas a llegar a la gasolinera en un momentito. Sin embargo, lo que son diez minutos en ciudad en España es muy poco (pocos kilómetros) pero aquí diez minutos conduciendo son bastantes kilómetros y mucha, mucha gasolina. Así que me dejé ir y como la había puesto casi $60 de gasolina hacía muy poco, pensé que me duraría para siempre. Pues no. No sólo no duró para siempre sino que nos dejó tirados en medio de la expressway, en un semáforo, justo cuando cambió a verde.

Pues ahí, con el coche parado, en medio de tres carriles de tráfico constante estuvimos casi dos horas, esperando a que viniera un amigo de Pedro, lo llevara a la gasolinera más cercana, compraran gasolina, la trajeran, llenaran el tanque, y viendo cómo no se ponía el coche en marcha porque necesitaba más gasolina. Volvieron a la gasolinera, compraron más y, por fin, logramos poner el coche en marcha. Mientras tanto, llegaron dos coches de policía de la autopista, highway patrol, para ver qué nos había pasado y recomendarnos que empujáramos el coche hacia el arcén, cosa que resultó un poco difícil puesto que el coche que tenemos de alquiler es una furgoneta de siete plazas que pesa un egg.


Al final todo se arregló pero el mal rato que pasamos no se lo deseo a nadie y sólo pensar que el coche se podía haber quedado sin gasolina en algún lugar tipo Salem o el pueblo de la matanza de Tejas, me entran escalofríos...

miércoles, septiembre 12, 2007

¿Qué demonios es esto?

Hace una semana me di cuenta de que el suelo de la cocina, aparte de los baños, donde único no hay moqueta en este apartamento, estaba un poco sucio y ya era hora de lavarlo; después de todo, ya llevamos dos semanas viviendo aquí y mis suelos en casa se lavan una vez en semana (si no hay percance infantil de por medio, claro). Pero, como estábamos tan ocupados haciendo cosas más importantes (abrir la cuenta bancaria, apuntar al niño en el cole, ir a tráfico a por las "licencias" de conducir...), me dio pereza y decidí dejarlo para cuando realmente no aguantara más. Y eso ha sido hoy. Y resulta que, cuando voy a buscar una fregona y un cubo, me encuentro con este aparato que debe de ser la venganza de algún ingeniero a su empresa por alguna faena que le hicieron. Ni idea de cómo usar este palo con palanca ni de por qué el cubo no tiene escurridor. Lo de que no tiene escurridor lo descubrí luego y es que ¡la fregona se escurre sola! Es decir, la parte azul hay que mojarla en agua tibia para que se reblandezca (es dura como una piedra) y subir y bajar la palanca, que es la que escurre la parte azul. Un follón, vaya, que me tuvo murmurando y maldiciendo diez minutos hasta que le cogí el truquillo. Cómo se nota que esta gente ha tenido moqueta siempre y no sabe qué es lavar las baldosas de casa de mi madre.

domingo, septiembre 09, 2007










Esta mañana he ido a visitar cuatro casas para alquilar (las hemos buscado en una página web, http://www.craigslist.com/ que se parece mucho a un El Baúl online). Hemos decidido que queremos una casa con jardín, de esas de las películas, porque ya que vamos a estar aquí un par de años, por lo menos que sea lo más parecido a vivir "the American way of life". Además pensamos que a los niños les gustará jugar en el jardín trasero (backyard) ya que, en Tenerife, vivimos en piso. También me imagino a Pedro con su delantal, espumadera y barbacoa llena de hamburguesas y eso me pone contenta porque me da un poco de risa
Aquí ocurre una cosa muy curiosa a la hora de alquilar o vender una casa y es lo siguiente: el dueño organiza una cosa que se llama Open House a una determinada hora y el interesado acude, junto con más competidores, a visitar la casa. Si uno está interesado, rellena un formulario en forma de petición en el que le facilita al dueño su información personal (documento de identidad, datos del sueldo, posición económica...). Una vez reunidos los formularios de los interesados y habiendo hecho las necesarias comprobaciones, ¡el dueño elige al inquilino o comprador!
Pero esto no es lo más difícil. Lo difícil es elegirla porque, en esta zona de California, aparte de caras (las pasables no bajan de $1800), son viejas y están muy descuidadas. Y luego ninguna está completa del todo. Me explico, si la casa es mona, está un barrio marginal o si el barrio es bueno, la casa no la han reformado desde el año cuarenta. A veces coinciden dos cosas buenas, como la casa y el barrio aceptables pero luego el jardín parece un cementerio de animales. En definitiva, que si esperaba encontrar una casa de las de Mujeres Desesperadas en Wisteria Lane, no me queda nada.
Así que seguimos buscando y acudiendo a las Open Houses a ver si encontramos la casita de perfecta en la que pasar esto años de exilio voluntario. Esta tarde voy a ver dos más pero, mientras tanto, aquí van unas fotos de nuestro apartamento temporal (que aquí llaman condominium).

viernes, septiembre 07, 2007




Yo aprendí inglés de pequeña, de la misma manera y a la misma vez que aprendía el español. Es más, mi madre me cuenta que aprendí a leer en inglés antes que en español. Por eso, porque fue un proceso tan fácil y natural, siempre he pensado que la mejor manera de aprender un segundo idioma (después de la EOI, claro) es la inmersión total. Existen miles de estudios que lo afirman y, como dije antes, yo misma lo he vivido y puedo asegurar que funciona (me recuerdo al Profesor Mauri ese de la radio).
Sin embargo, cuando el martes llevé a mi hijo Pedro a su primer día de prescolar, http://www.mydreamacademy.com/, salí del centro casi llorando. Se me parte el corazón pensar que mi niño está en un sitio donde no entiende ni jota ni a su maestra (una chica hindú encantadora que se llama Vaishali) ni a sus compañeros (entre los cuales hay un niño francés en la misma situación que Pedro). Y se me parte el corazón pensar que mi hijo, un niño que no para de hablar desde que se levanta a las ocho de la mañana hasta que se acuesta a las diez de la noche y que usa palabras como "disgustado" o "recorrido", no pueda decir sino thank you y excuse me (palabras que yo le he enseñado en estos días) para comunicarse mientras está allí.
Así que, como profesora de inglés casi bilingüe, me mentalizo todos los días de que esto es lo mejor para Pedro, que no es traumático (no recuerdo que para mí lo fuera), que en dos o tres meses ya se estará comunicando porque es más listo que un rayo y que aprender inglés a esta edad es como aprender a montar en bici. Pero como madre, todos los días lloro por dentro cuando entro en su clase, su maestra lo saluda y él me mira con ojitos asustados como preguntándome dónde demonios lo voy a dejar y pidiéndome que no me vaya.

martes, septiembre 04, 2007




Hoy he ido al supermercado por tercera vez esta semana y es que no calculo todavía qué cosas necesito y qué me falta. En mi casa de Tenerife ya tenía las cosas básicas para cocinar: aceite, vinagre, sal, pimienta, harina... En definitiva, las herramientas para cocinar. Pero aquí no tengo nada, ni siquiera especias para poder darle sabor a las cosas. Así que me voy acordando poco a poco de que no tengo laurel, pimentón u orégano y lo voy comprando según lo voy necesitando.
Pero me pierdo en estos supermercados porque, aunque sólo entras a comprar lo necesario, la oferta es tan variada que ya no sabes qué artículo coger ni, en realidad, al cabo de un rato, qué has venido a buscar. Los ojos saltan de un lado a otro, desde la comida asiática hasta la mejicana, desde los platos precocinados (almuerzos enteros en bandejas para el microondas y para ver delante del televisor), hasta los congelados (helados de miles de sabores, más comida preparada y ¡hasta zumo congelado!) pasando por la bollería (donuts, muffins, brownies, bagels...), repostería y zona de galletas. Vas a elegir una bolsa de papas fritas y tienes un pasillo ENTERO de papas fritas (al punto de sal, a la barbacoa, al a pimienta, al queso - cheddar amarillo, cheddar blanco, gouda, parmesano - al limón...) con su correspondiente estante de salsas para mojar las papas fritas (los "dips", los llaman).
Lo malo de tener una oferta tan variada es que invita a meter miles de cosas nuevas y apetecibles en el carro de la compra. Y, si además te gusta comer y probar cosas distintas en materia culinaria, lo malo es que terminas comiéndotelo todo una vez lo tienes en la despensa y/o nevera.
Supongo que, una vez pasada la novedad de comida distinta y guarrerías varias, podremos ir al supermercado sólo a comprar aceite. Miraremos las comidas preparadas con desconfianza y le haremos ascos a los donuts gigantes rellenos de frambuesa. Echaremos de menos las papas al jamón serrano y el Cola Cao e iremos directos a la verdura y legumbres para comprar los ingredientes de unas buenas lentejas. Y de postre, plátanos.

sábado, septiembre 01, 2007

Si es que lo que no inventen los americanos... Fíjense qué camioncito le han puesto al carro de la compra para poder hacerla sin que los nenes te den mucho la lata. ¿Se imaginan uno de estos en Hiperdino? Ya me imagino las peleas por conseguir uno y las marujas protestando, "¡Cuidado, mi niña, que casi me das en la canilla y estoy recién operada!".
A ver si creo un espacio de inventos originales y los voy poniendo porque merece la pena comentarlos. Ah y, por cierto, si alguna mami quiere uno de estos, ya sabe, se los mando por mensajero...